Y si nos quedamos solo con uno?

Terminado el terrible período de exámenes y pasado un día para cargar las pilas de nuevo, vuelvo al blog con un tema algo controvertido.

¿Nunca os habéis preguntado el porqué de esta tecla?

Para mí es la tecla del alzheimer: siempre me olvido de que existe.

El español y el asturiano son los únicos idiomas que usan en la actualidad tanto el signo de interrogación como el de exclamación inversos para abrir preguntas y exclamaciones respectivamente. En otros idiomas son opcionales y en los demás ni existen. Pero, hoy día, ¿quién se acuerda de usarlos?

Las guías de estilo y normas ortotipográficas hacen obligatorio su uso, de acuerdo con la norma académica, pero fuera de estos estrictos ámbitos, los signos de apertura no los usa ni el tato nadie. ¿Por qué? Pues a mí se me ocurren ciertos argumentos.

-       El primero sería por simple economía del lenguaje: es más rápido no escribir ese signo.

-       El segundo sería por la fuerte presencia de la publicidad en la actualidad, que a veces se olvida de su uso. Esto puede ser al primer punto o a un intento de acercarse a la manera de escribir del sector más joven (que sigue el primer punto).

-       El tercero sería el problema que puede haber muchas veces cuando escribimos desde un teclado extranjero o usando una codificación que no acepte este signo. Esto es, en pocas palabras, una putada molestia (aunque a día de hoy sea casi imposible que se produzca).

Me acuerdo de un día que discutí con una compañera porque sostenía que ese signo en español era inútil. Bueno, desde distintos puntos de vista, podría considerarse así, pero desde otros no.

Para conocer un poco más el porqué de estos signos en nuestro idioma vamos a hacer un viaje al pasado.

-          Edad Antigua, Imperio Romano, Europa.

En latín usaban una palabra al final de las oraciones si querían indicar que esta era una pregunta. Esta palabra era quaestio. Siglos después, siendo demasiado larga tanto en su pronunciación como escritura, se acortó a qo y mucho tiempo después se procedió a escribir solamente la letra q, suscribiendo la o. De esta forma se obtiene el casi universal signo ?. Lo mismo ocurrió con la expresión de sorpresa Io, que pasó a convertirse en !.

La introducción de los signos de apertura viene del siglo XVIII cuando la Ortografía de la Real Academia, harta de aquel bastión galicista que le estaba quitando protagonismo, se puso to chula rebelde y decidió que a partir de entonces, y para diferenciarnos de la lengua francesa, debíamos usar el signo invertido para abrir las exclamaciones y preguntas.

Aquella prescripción ha llegado hasta nuestros días. Y hoy por hoy nos encontramos en una época en la que vemos como la RAE es mucho más flexible con los cambios que se realizan porque, al fin y al cabo, los que usamos la lengua somos todos nosotros.

Personalmente pienso que ese signo acabará desapareciendo de una forma o de otra (de no ser porque el signo de apertura muchas veces desambigua la entonación que hay que dar a una oración). Sin embargo, hay personas que piensan que su desaparición sería algo parecido a la pérdida de la ñ: una pérdida de la identidad del español como lengua.

¿Qué opináis de todo esto? ¿Acabaremos volviendo sobre nuestros pasos o permaneceremos rebeldes a los demás y firmes a las reglas de nuestro idioma? ¿Cómo afecta todo esto a la traducción? ¿Sería un cambio sin importancia o supondría graves problemas y enfrentamientos entre lingüistas?

Una época en la que la orto precedía a la tipografía

Todos sabemos que avión no se escribe con b y h (bueno, a los 13 años lo escribí con ambas y por poco me da un yuyu). Al igual que sabemos que se escribe viniste y no veniste ni vinistes. En realidad esto responde a nuestro conocimiento sobre la ortografía, algo que vamos aprendiendo desde que nos enseñan a leer y escribir y que normalmente controlamos con relativa facilidad.

Sin embargo, existen otro tipo de reglas en la lengua que también debemos respetar y que casi siempre pasan desapercibidas, debido principalmente al desconocimiento de los hablantes (más bien de los escritores de la lengua) de su existencia. Se trata de la ortotipografía (aquel tema 4 de Lengua Española II que ahora forma parte de nuestro día a día).

Para que todos nos entendamos, la ortotipografía son las convenciones que fijan que se escriba 1 Kg de azúcar y no 1 Kgr de azúcar o 3 cm y no 3 cms. ¿Para qué esto? Pues, simplemente, para que haya homogeneidad en la lengua y en la forma de redactar, ya que la diversidad muchas veces puede dar lugar a la fragmentación.

Cuando traducimos, tenemos que reconocer las convenciones ortotipográficas de la lengua de la que partimos y usar las propias de la lengua meta. Repito: usamos las de la lengua meta, no conservamos las de la lengua origen.

Por ejemplo, en inglés el punto va antes que el paréntesis de cierre [.)], mientras que en español es justo al contrario [).]. En alemán, por ejemplo, las dobles comillas se sitúan de esta forma zum Beispiel (una baja y otra alta), mientras que en español las dos se usan altas.

Son muchos los ejemplos que he ido encontrando por la calle que no respetan el símbolo dedicado a la palabra céntimos (cént. para el singular y cts. para el plural según el DPD):


La última imagen la encontré en la cafetería de mi propio centro: Facultad de Filosofía y Letras. Ejem; Filosofía y Letras.

Puede que no sea verdaderamente importante o que, de cierta manera, no sea un fallo altamente penalizable pero no debemos olvidar que la ortotipografía es parte del sistema lingüístico y que debemos respetarla al igual que respetamos la ortografía.

Eso sí, dicho todo esto, debo añadir que esos ctmos,cént,etc. cumplen perfectamente con su función: logran informarnos de cuál es el precio de la tarifa que la compañía está ofertando, logran que sepamos que nos van a cobrar X céntimos por minuto.

Y vosotros, ¿qué opináis de todo esto? ¿Debemos seguir las reglas ortotipográficas de nuestra lengua meta o podemos hacer uso de nuestra capacidad para tomar decisiones para saltarnos estas convenciones en pro de la función?