Una época en la que la orto precedía a la tipografía

Todos sabemos que avión no se escribe con b y h (bueno, a los 13 años lo escribí con ambas y por poco me da un yuyu). Al igual que sabemos que se escribe viniste y no veniste ni vinistes. En realidad esto responde a nuestro conocimiento sobre la ortografía, algo que vamos aprendiendo desde que nos enseñan a leer y escribir y que normalmente controlamos con relativa facilidad.

Sin embargo, existen otro tipo de reglas en la lengua que también debemos respetar y que casi siempre pasan desapercibidas, debido principalmente al desconocimiento de los hablantes (más bien de los escritores de la lengua) de su existencia. Se trata de la ortotipografía (aquel tema 4 de Lengua Española II que ahora forma parte de nuestro día a día).

Para que todos nos entendamos, la ortotipografía son las convenciones que fijan que se escriba 1 Kg de azúcar y no 1 Kgr de azúcar o 3 cm y no 3 cms. ¿Para qué esto? Pues, simplemente, para que haya homogeneidad en la lengua y en la forma de redactar, ya que la diversidad muchas veces puede dar lugar a la fragmentación.

Cuando traducimos, tenemos que reconocer las convenciones ortotipográficas de la lengua de la que partimos y usar las propias de la lengua meta. Repito: usamos las de la lengua meta, no conservamos las de la lengua origen.

Por ejemplo, en inglés el punto va antes que el paréntesis de cierre [.)], mientras que en español es justo al contrario [).]. En alemán, por ejemplo, las dobles comillas se sitúan de esta forma zum Beispiel (una baja y otra alta), mientras que en español las dos se usan altas.

Son muchos los ejemplos que he ido encontrando por la calle que no respetan el símbolo dedicado a la palabra céntimos (cént. para el singular y cts. para el plural según el DPD):


La última imagen la encontré en la cafetería de mi propio centro: Facultad de Filosofía y Letras. Ejem; Filosofía y Letras.

Puede que no sea verdaderamente importante o que, de cierta manera, no sea un fallo altamente penalizable pero no debemos olvidar que la ortotipografía es parte del sistema lingüístico y que debemos respetarla al igual que respetamos la ortografía.

Eso sí, dicho todo esto, debo añadir que esos ctmos,cént,etc. cumplen perfectamente con su función: logran informarnos de cuál es el precio de la tarifa que la compañía está ofertando, logran que sepamos que nos van a cobrar X céntimos por minuto.

Y vosotros, ¿qué opináis de todo esto? ¿Debemos seguir las reglas ortotipográficas de nuestra lengua meta o podemos hacer uso de nuestra capacidad para tomar decisiones para saltarnos estas convenciones en pro de la función?