Interpretación y hermenéutica de la sintaxis

En verano estuve dando clases del gran problema en bachillerato y selectividad: sintaxis. Y es que muchas veces el puzzle del análisis sintáctico puede jugárnosla…

Partiendo de Cabré, todas las unidades léxicas son analizables desde el punto de vista de su constitución morfológica (formal), de su significado y sentido en el texto (semántico) y de su función en la oración (funcional). Estos tres puntos de vista están en estrecha relación, ya que una forma adquiere una función y con ello un significado.

El problema de esto reside en la polisemia y, a veces, en los deícticos, que trataremos en otra entrada.

Este ejemplo lo encontré hace tiempo en uno de los exámenes de selectividad. Se trata de la oración A del ejercicio 4 de la opción A.

La chica a la que le daba clase realizó un análisis con el que yo no estaba de acuerdo. Tras minutos de discusión, llamamos a otra persona. Esta no estaba de acuerdo con ninguno de los dos. Sorpresa.

La oración « El mar nos duele todos los días, porque todos los días nos deja una patera cargada de miseria» tenía un problema de polisemia en nos deja. Cada uno, respetando la forma de cada palabra, otorgaba una función distinta a cada segmento, y por ello cambiaba el sentido e incluso la connotación de la oración. Por ello, nos encontramos con:

-          Una opción metafórica: El mar (…) nos deja = el mar nos presta una patera [que luego se llevará].

-          Una modulación en el punto de vista: Nos deja una patera = una patera se va.

-          La opción más real desde mi punto de vista: El mar (…) nos deja = el mar nos trae.

¿Qué problema existe, pues, para los traductores? Uno esencial. Si no desciframos la función sintáctica de cada unidad léxica, no descubriremos el sentido real de la frase y sin ello no sabremos traducir o realizaremos una traducción que no se adecua al sentido original.

La intertextualidad y el contexto son esenciales en este proceso, al igual que el porqué del texto, su finalidad y su autor. ¿Por qué me decidí por la última opción? Principalmente por el tema que se trataba en el texto y porque seguramente, el autor siguiese el orden lógico en la oración (sujeto, verbo, implemento) para hacer llegar una idea fundamental: la inmigración.

Corregir o corregirte, esa es la cuestión


¿Cuántas veces hemos escuchado el diálogo de varios personajes en una serie extranjera y nos hemos dado cuenta de algún error? Sin leer o escuchar el original sabemos que estamos ante una traducción y que hay un error y en ese momento nos sentimos superiores…

Un ejemplo de, no malo pero sí impreciso, doblaje se observa en el capítulo número 4 de la temporada 1 de American Dad, titulado en España Los Recuerdos de Francine. En este episodio, Klaus, el personaje alemán encerrado en el cuerpo de un pez pronuncia: “¡Rápido, siéntate sobre mein pecera”.

Todo sería correcto de no ser porque el doblador pronunció [mein peθera]. Esta pronunciación me llamó tantísimo la atención que en mi mente comenzaron a procesarse distintos datos a una velocidad asombrosa.

  • En primer lugar supuse que esa pronunciación era debida al desconocimiento, bien por parte del traductor o por parte del doblador, de que mein es el pronombre posesivo de primera persona del singular alemán que tiene una estructura fonológica diferente a la española. Se pronuncia [maɪn].
  • En segundo lugar me pregunté cómo sería el original. Buscando por internet me encontré que Klaus dice en inglés: “Now, straddle mein bowl!”. Que el original insertase una palabra alemana implica que el guionista de la serie pretendía marcar el origen del personaje. Mi desconocimiento aquí es si en el original se pronunciaba a la alemana o a la inglesa.

Se trata de un error nada grave, pero curioso, ya que Klaus, aunque conocemos perfectamente su origen alemán, pierde su característico aporte en la versión española.

También me gustaría comentar en esta parte los errores metodológicos que muchas veces debemos corregir. Como por ejemplo, que no cambiemos el corrector ortográfico cuando escribimos en distintos idiomas, o simplemente, que lo desactivemos, porque puede pasaros que, como le pasó a un servidor, el lúcido de Word os corrija automáticamente superar por supercar y os quede una oración parecida a: “debemos considerar y supercar estas concepciones”.

Asimismo, tenemos que tener cuidado con la selección del par de idiomas cuando buscamos en diccionarios bilingües, ya que wordreference puede que quiera atreverse a deciros que un jamón en realidad es…

Y ahora os contaré un par de anécdotas de mi estupenda capacidad para pifiarla cuando estoy completamente seguro de que algo está mal dicho.

Un día, leyendo sobre seguridad informática, me encontré con la siguiente oración: “el programa os alertará cuando visitéis sitios riesgosos y asegurará vuestros datos cuando estos sean enviados a través de redes inalámbricas”. Por supuesto, cuando leí el chirriante riesgoso me reí bastante. Hasta que el DRAE se rio de mí cuando el resultado   manifestaba que esta palabra no existe se usa en español… de la península. A veces creemos que la península es el único español que existe. Gran error.

Otro ejemplo es el que vi en un diccionario de papel durante mi examen de traducción general.

 Busqué esa burrada en casa cuando mi sorpresa fue la misma.

Por último, en mi viaje a Bruselas (que ya reseñó Javier en su Traductor en ciernes) me hinché de ver cosas como:

Con más ego que algún famosillo me atrevo a sostener inconfundiblemente que se trata de un gravísimo error de traducción en el que usaron la preposición inglesa of en lugar de la conjunción disyuntiva or. Bruselas, Brujas y Gante me confirmaron que aquella lengua era el flamenco y que esa era su conjunción disyuntiva…

Muchas veces nos olvidamos de que somos humanos y de que cometemos errores (muchos). Lo importante es saber reconocerlos y aprender de ellos, porque, al fin y al cabo, de los errores se aprende.

- Yo sé idiomas. – Yo, ni papa.

Hoy empiezo haciendo una pregunta. ¿Cuántas veces os han reprochado que cualquiera puede traducir sabiendo un poco de inglés, francés, o cualquier idioma? Hoy, a mí, me ha pasado. De nuevo.

Y para demostrar que no cualquiera puede traducir, voy a exponer un fragmento de un texto sacado de Wikipedia (sí, señores, Wikipedia). A ver, quién se entera de algo.

 “En un principio, Sauron era un maia al servicio de Aulë que fue corrompido por Melkor (quien posteriormente sería conocido como Morgoth) cuando los Ainur aún se encontraban dando forma a Arda.

Como antes se menciona, Sauron es un Ainu, uno de los Maiar, contado entre el séquito de Aulë, el herrero, por lo cual tenía altos conocimientos en este campo”.

Cuando terminé de leer esto, me quedé igual que empecé.

Quien no esté acostumbrado al universo ideado por Tolkien (yo, por ejemplo) desconocerá por completo la terminología que usa este autor en su novela El Señor de los anillos. Y, por supuesto, desconocerá por completo las razas o entes de los que habla (no sé si os habéis fijado que el núcleo semántico del texto está guiado por los nombres propios que aparecen, algo que no suele ocurrir muy a menudo y que ya trataremos en otra entrada).

Bien, este es el problema que nos encontramos los traductores al traducir textos de alta densidad terminológica como los biosanitarios, jurídicos o técnicos, por nombrar algunos. Dicho de otra forma, si no estamos especializados en el campo, no entendemos ni papa, porque las realidades que se describen no las conocemos. Si no sabes qué es un maia, o un ainu, o quién es Aulë, ¿cómo vas a traducir? Puedes hacerlo, pero el resultado puede ser desastroso.

Y si ya de por sí es complicado traducir un texto no muy complicado terminológicamente (giros, modulaciones, transposiciones…), cuando no entendemos en absoluto lo que estamos traduciendo, el trabajo se complica exponencialmente. ¿Por qué? Porque en ese momento el traductor se convierte en documentalista, terminólogo, especialista en el campo, etc. Se transforma en un ordenador luchando contra un texto. Un texto.

Y es que ese texto es el que tiene que llegar a otra cultura, a otro receptor, al que debemos ser fiel, porque este espera que el texto que va a leer está elaborado por un especialista en el campo (ya sea una novela, un contrato, un ensayo clínico, etc.).

Traducir no es solo que A sea igual que B. Tenemos que tener en cuenta mil situaciones, mil condiciones y mil fenómenos que no podemos dejar que se nos escapen de las manos.

Por eso los traductores son necesarios: porque conectan dos culturas a través de un texto; porque conectan realidades que se materializan en significantes distintos. En definitiva, porque hacen posible la comunicación.

Así que, cuando os encontréis con algún graciosillo espabilado que os diga el típico “yo estuve de viaje en Londres dos semanas y aprendí inglés. Puedo traducir igual de bien que tú”, dadle el manual de instrucciones de un dispositivo para realizar una tomografía axial computerizada.

Ala, ya me he quedao a gusto.

¿Equivalencias entre lenguas?

Todos sabemos que los significados de las palabras no son totalmente equivalentes entre idiomas.

Las canciones también pueden conllevar enormes problemas de traducción, y cuando se unen a un mensaje directo donde la ambigüedad tiene gran presencia, la adaptación es casi totalmente necesaria.

Te amo, de Rihanna, cuenta la historia de una mujer homosexual que se enamora de la cantante barbadense. Para hacérselo saber, desesperada le grita “te amo”. El desconocimiento del español de la protagonista se manifiesta en la letra, diciendo:

 « She cried “te amo”

I told her I’m not gonna run away, but let me go

My soul is awry, without asking why

I said te amo,

would somebody tell me what she said?

Don’t it mean “I love you”?

Think it means “I love you”

Don’t it mean “I love you”»

El problema de traducción que encontramos en la letra de la canción es puramente semántico.

En inglés, el significante love tiene varios significados, principalmente relacionados con ‘tener afecto a alguien’ o ‘amar’. Eso es lo que encontramos en el Collins Dictionary y el Merriam-Webster. Sin embargo, en español existen dos significantes distintos para cada significado. Encontramos querer y amar. El primero demuestra el fuerte afecto que se puede sentir por una persona mientras que el segundo tiene una connotación más personal y profunda, estrechamente relacionada con un sentimiento intenso.

En la canción original se usa, por tanto, una generalización en la terminología traductológica de Vinay y Darbelnet, lo que se aprovecha en el inglés para que la canción llegue al público de forma más sentimental, ya que la cantante no sabe precisar qué significa “te amo”; no sabe precisar si esas dos palabras aglutinan ambos significados del inglés y en realidad su compañera solo “la quiere” como podríamos querer a un amigo o si eso significa algo más.

¿Qué se traduce?

Esta entrada va dedicada de lleno a la traducción. Y es que, normalmente, nadie sabe qué se traduce. La gente corriente solo llega a responder: una novela. O ni eso.

Solo tenemos que mirar a nuestro alrededor y seguramente la mayoría de los productos que tengamos en casa hayan sido traducidos. Si estás leyendo está entrada lo estás haciendo a través de un dispositivo con conexión a internet que con total seguridad fue escrito originalmente en otro idioma.

Cuando sales a la calle y ves los carteles publicitarios de la mayoría de las películas, estás viendo traducciones en gran parte. O cuando vamos al supermercado, incluso el más cercano que tengamos en casa, veremos productos cuyas etiquetas o bolsas han sido traducidas.

Sentencias, novelas, cómics, manuales de instrucciones, programas informáticos… La globalización ha hecho completamente necesaria la traducción del 90% de lo que consumimos hoy en día. Y su correcta realización influye en la buena reputación que el vendedor del producto pueda ganarse.

Pongamos por ejemplo las cartas de los restaurantes. Entrañan una gran dificultad por los llamados culturemas: una realidad que existe en una cultura y que no tienen ningún equivalente en otra. Existen multitud de comidas típicas de los distintos países y culturas, con una gran costumbre e historia a la espalda. ¿Cómo, entonces, traducimos una unidad lingüística con tantísimo peso cultural? La mayoría de las veces con una descripción, ya que es la única forma de que el cliente extranjero se interese por el plato.

Aunque otra dificultad añadida es el espacio del que se dispone para hacer dichas descripciones: si hay poca descripción, al cliente no le interesa, y si hay demasiada, se aburre y se olvida del plato (es la ley del mínimo esfuerzo: en un folleto mientras menos leamos mejor, ¿o no es verdad?).

Además, el cómo se describan los culturemas o similares influirán enormemente en su éxito. Estos ejemplos los encontré en el paseo marítimo de una ciudad y demuestra cómo NO hay que traducir este tipo de realidades.

Los títulos, para un extranjero, serían algo completamente desconocido (¿covers, covertures, abdeckungen? Por favor,qué dolor de cabeza…).

Al fin y a cabo, y como dijo una muy buena profesora: “uno tiene que dar demasiadas explicaciones para que te acepten un presupuesto digno de traducción cuando, en realidad, es supernecesario para vender (¡ya me dirás tú, quién va a comerse una “blood sausage“!)”.